¿Y si la estrella más lejana no es una estrella? Imagina burlar al tiempo y echar una ojeada casi al origen del universo para descubrir… no uno, sino posiblemente un enjambre de estrellas bailando juntas. Así, Eärendel, el astro al que la fama le llegó en 2022 al ocupar el trono de “estrella más distante”, podría no ser lo que pensábamos. ¿Qué secretos nos revela el telescopio James Webb en este enigma cósmico? Te lo contamos.
Eärendel, ¿estrella solitaria o cúmulo de luminarias?
Hace apenas unos años, la astronomía celebraba uno de sus mayores hallazgos: la detección de Eärendel, brillante chispa surgida hace unos 900 millones de años tras el Big Bang. Casi 13.000 millones de años luz: así de lejos la mirábamos, un relicario brillante en la galaxia Arco del Amanecer, visible gracias al milagro óptico de la lente gravitacional.
¿El truco? Entre nosotros y Eärendel se interpone un cúmulo masivo de galaxias, WHL0137-08, capaz de curvar la luz y amplificar, como una lupa en el espacio-tiempo, objetos otrora invisibles. Así, lo que parecía una estrella descomunal y solitaria podría ser en realidad un cúmulo compacto de estrellas, un pequeño batallón estelar en vez de una sola heroína cósmica.
¿Pero cómo sabemos esto?
El equipo de Massimo Pascale, investigador en la universidad de California, ha lanzado una nueva pista. Y lo han contado en una publicación reciente. Utilizando los potentes detectores infrarrojos del JWST, han comparado la firma espectroscópica —el “color” y dispersión de la luz— de Eärendel con la de los cúmulos globulares que abundan en el universo local. Y, sorpresa, ¡la similitud es abrumadora!
La magia de la lente gravitacional
El universo suele jugar con los grandes lentes, los cúmulos de galaxias. Estos no solo distorsionan la luz, sino que la magnifican. Y es que Eärendel crece hasta 4.000 veces en brillo gracias a ese efecto, estando ubicado en una de esas regiones privilegiadas en las que el “aumento” alcanza cotas máximas. En resumen: el universo ha alineado la óptica cósmica casi a la perfección.
- Sin esa alineación, jamás habríamos detectado su luz.
- Estos alineamientos tan precisos son eventos rarísimos.
- Por eso, los astrónomos no han dejado de preguntarse: ¿es de verdad una sola estrella gigante lo que vemos?

Pistas de una compañera misteriosa y algo más
Al escudriñar aún más los datos del JWST, los científicos descubrieron algo curioso: el posible eco de una segunda luminaria, más fría, acompañando a Eärendel. No contentos con esta pista, decidieron incluso comparar el brillo a distintas longitudes de onda —como si cambiaras los filtros de Instagram— y el patrón resultante encaja mejor con un cúmulo que con un único astro. O, al menos, con la suma de varias fuentes luminosas apretadas en un minúsculo espacio.
Eso sí, no hay veredicto final: el equipo reconoce que no han excluido todas las alternativas (quizá sea una estrella particular, un sistema binario… o algo que aún no entendemos). Pero la idea de un bebé cúmulo globular viendo nacer el cosmos tiene un encanto especial.
Una ventana abierta al primer universo
Eärendel —estrella, cúmulo o ambas cosas— sigue siendo el fósil más remoto que puede observar la humanidad. Cada señal capturada desde el Arco del Amanecer es una cápsula del tiempo que nos susurra cómo se ensamblaron las primeras estructuras estelares. ¿Un solo astro gigante? ¿O un racimo de ellas bailando juntas en la oscuridad primigenia?
Pase lo que pase, historias así nos demuestran que cada vez que creemos mirar a una estrella, podríamos estar viendo, sin darnos cuenta, el nacimiento de todo un club de ellas. Y el James Webb promete más sorpresas a la vuelta de la esquina cósmica.




