Así es cómo los astrónomos han visto un planeta formándose a 437 años luz de la Tierra

¿Alguna vez has podido imaginar ver a un planeta “nacer”, justo en el instante en que está creciendo dentro del disco de polvo de su estrella madre? Pues la ciencia lo ha conseguido. Y lo ha hecho con WISPIT 2b, un jovencísimo gigante en pañales cósmicos, captado justo cuando va amasando materia en el fascinante ballet del nacimiento planetario.

WISPIT 2b: así se ve nacer un planeta gigante

Si pensamos en un sistema solar bebé, lo visualizamos como un pequeño caos ordenado: gas, polvo y retazos de materia girando alrededor de una estrella incipiente, a la espera, quizá, de convertirse en planetas completos. Eso es, precisamente, lo que han pillado investigadores de la Universidad de Arizona y el Observatorio de Leiden al retratar directamente a WISPIT 2b, un protoplaneta aún en formación, pegado a su estrella WISPIT 2, a unos 437 años luz de la Tierra (algo cerquita, para estándares cósmicos).

Lo extraordinario del hallazgo no es solo la captura de WISPIT 2b en pleno crecimiento. Es que nunca antes se había visto con una imagen directa a un planeta emergiendo justo en uno de los vacíos (anillos sin materia) que aparecen, como claros en el bosque, dentro de estos discos protoplanetarios. Los astrónomos llevaban décadas intuyéndolo. Ahora, por fin, lo han visto.

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Un gigante joven y hambriento

El apodo de “protoplaneta” se queda corto para WISPIT 2b. Es joven, sí —unos 5 millones de años, que no es nada al lado de la cansada Tierra—, pero ya pesa lo suyo: aproximadamente cinco veces la masa de Júpiter. Está formándose… pero menudo crío robusto.

Los llamados discos protoplanetarios, esa especie de panal cósmico de gas y polvo, rodean a las estrellas jóvenes. Y dentro de esos discos caóticos, aparecen huecos o zonas limpias, anillos claros por los que los científicos siempre sospecharon que debía esconderse un planeta «limpiador», barriendo material y tallando el espacio a su paso. Se pensaba que tanto Júpiter como Saturno, en nuestro propio Sistema Solar, en su día hicieron justo eso: abrirse su propio camino en el disco solar primitivo.

La primera evidencia directa: del telescopio al descubrimiento

De Chile al mundo: captura de un momento único

La historia científica empezó con el VLT-SPHERE, el robusto telescopio del Observatorio Europeo Austral en Chile, que registró por primera vez los anillos y claros en los que residía WISPIT 2. Pero la «foto real», el golpe maestro, llegó gracias al sistema MagAO-X, instalado en el telescopio Magallanes Clay, también en Chile, con tecnología de óptica adaptativa extrema: literalmente, una “cámara” capaz de cazar exoplanetas entre el brillo estelar.

Imagina: han conseguido sacar una fotografía de un planeta en pleno acto de alimentarse del material de su cuna cósmica. Imágenes directas, sin trucos ni intermediarios, de un gigante gaseoso creciendo dentro de su propia ensenada en el disco de la estrella.

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La luz H-alfa: el destello del nacimiento planetario

Aquí la técnica cobra relevancia. Utilizaron la luz H-alfa, una longitud de onda emitida cuando el hidrógeno del disco cae sobre la superficie del protoplaneta. Es, básicamente, la huella brillante de la alimentación planetaria: un anillo de plasma ultracaliente destellando alrededor del joven planeta. MagAO-X puede distinguir ese tinte rojizo, leve pero inconfundible, incluso al lado del potentísimo brillo de la estrella WISPIT 2.

Fue justo esa débil pero reveladora señal, una chispa en uno de los huecos oscuros del anillo, la que desveló la presencia de WISPIT 2b. No se desplazó desde otra parte, ni migrado – nació donde lo han visto.

¿Por qué este hallazgo es tan importante?

Lo que convierte a este descubrimiento en un hito es su claridad: jamás se había visto, de manera tan directa, a un planeta creciendo en uno de estos «anillos vacíos» de un disco protoplanetario, justo donde las teorías decían que debían estar. Se han capturado pistas antes, sí, pero esto es verla, casi literalmente, la foto de un planeta en plena faena.

Y pensar que nuestro propio Sistema Solar, hace miles de millones de años, pudo lucir algo muy similar. ¿Qué otros secretos revelarán estos baby-planets sobre cómo se arman los sistemas solares en el universo? Esto solo empieza…

¿Te imaginas poder mirar, aunque sea por un instante, cómo nace un mundo? Con WISPIT 2b, la astronomía nos ha dejado colarnos a hurtadillas al taller de los planetas.

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