El telescopio Chandra revela un agujero negro cuyo crecimiento está batiendo récords

¿Te imaginas presenciar el nacimiento desbocado de un agujero negro monstruoso, justo cuando el Universo apenas balbuceaba? Pues eso—y mucho más—es lo que acaba de revelarse. Una historia de extremos, de materia engullida y de física que raya en lo imposible. Pilla el telescopio (metafórico) porque… hoy viajamos muy, pero muy atrás en el tiempo.

Un agujero negro que devora sin freno

No todos los días los astrónomos detectan criaturas cósmicas tan voraces. Pero el equipo del Observatorio de rayos X Chandra acaba de poner los focos sobre RACS J0320-35, un agujero negro supermasivo que está creciendo como si el reloj no existiera. ¿Su peso? Unos mil millones de veces la masa del Sol. ¿Su dirección? Al pasado más remoto, a 12.800 millones de años luz de nuestra galaxia, cuando el cosmos era solo un joven revoltoso de 920 millones de años.

Esto no es poca cosa: hablamos del agujero negro más luminoso en rayos X detectado durante el primer milenio del universo. Un auténtico faro, o mejor dicho, un devorador insaciable de materia cuya radiación eclipsa galaxias enteras.

El telescopio Chandra revela un agujero negro cuyo crecimiento está batiendo récords

¿Qué hace tan especial a este agujero negro?

Cada agujero negro supermasivo brilla gracias a la materia que cae desesperada hacia él, formando un disco increíblemente caliente y energético. Pero este, nuestro protagonista, crece a una velocidad que desafía el propio límite de la física. El famoso límite de Eddington marca la máxima velocidad (en realidad, tasa) a la que la materia puede entrar al agujero negro antes de que la presión de la radiación la expulse. Pues este agujero se pasa de largo: crece a más de dos veces ese límite. Concretamente, unas 2,4 veces. Va a lo bestia.

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El proceso es tan inusual que los astrónomos no descartan dos escenarios: o se formó de la nada tras el colapso de una gigantesca nube de gas prácticamente virgen, o bien arrancó con una masa más modesta, como cualquier agujero negro corriente, pero su gula en estos primeros años fue simplemente… descomunal.

¿Cómo se mide esta locura?

Cruzando modelos teóricos con el brillo en rayos X registrado por Chandra, y sumando datos ópticos e infrarrojos de telescopios en Chile, llegaron a la conclusión de que este agujero negro está aumentando su masa a un ritmo brutal: entre 300 y 3.000 soles al año. Eso sí, la clave está en ese espectro específico de rayos X. Las huellas del “atracón” cósmico estaban ahí, y sí, todo encajaba con esa tasa supersónica de crecimiento.

Los enigmas abiertos: ¿cómo nacen los colosos?

La pregunta que trae de cabeza a la gente que estudia el cielo: ¿cómo es posible que existan agujeros negros tan grandes tan pronto? Saber el punto de partida de cada agujero negro (su masa inicial, por ejemplo) permite poner a prueba todo tipo de teorías sobre cómo se formaron estas bestias cósmicas al principio de los tiempos.

Como dice Thomas Connor, uno de los astrofísicos del equipo, resolver esto podría ser la llave para entender cómo se organizó el universo en sus primeros compases. Y, de paso, resolver otro misterio apasionante: los chorros de partículas que lanzan algunos agujeros negros a velocidades cercanas a la luz. Porque este RACS J0320-35 no solo se traga materia a lo loco, sino que también escupe energía y partículas como si no hubiera un mañana. ¡No todos los cuásares hacen eso!

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Detectives del cosmos: el arsenal técnico

La cacería comenzó con radiotelescopios en Australia, sumó la mirada precisa de la Cámara de Energía Oscura en Chile y se remató con el Telescopio Gemini-Sur para medir la distancia de nuestro protagonista. Pase lo que pase, cada instrumento aporta una pieza al puzzle, y juntos han destapado una historia donde la física se pone al límite.

¿El futuro? Más misterios por resolver

Hoy, los hallazgos han sido aceptados por una de las revistas más respetadas de la astronomía. Pero la sensación es de que solo hemos arañado la superficie de lo que esconden estos monstruos cósmicos. Así que, mientras los telescopios sigan explorando, aún nos quedan sorpresas. Seguro, ya lo verás.

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